Steaua Bucarest: Cuando un equipo es un país


La mejor generación rumana de la historia fue nutrida por aquel Steaua de Bucarest campeón de Europa. Durante 1984 y 1989, en menguantes tiempos políticos, hubo sólo un equipo en el país y ése fue el onceno del ingeniero Emeric Jenei.

Steaua Bucarest 1986

Pocos estandartes de un club de fútbol resaltan como Emeric Jenei y se convierten en símbolos nacionales. Este entrenador oriundo del pequeño municipio de Agris del distrito septentrional de Satu Mare, confeccionó una verdadera revolución futbolística en el Steaua de Bucarest y lo transportó a la selección. Anteriormente, Jenei, de raíz húngara, territorio lindante a la región de Transilvania de su natalicio, se había consagrado como emblema de la institución capitalina por su pasado como jugador. Luego, sería el encargado de de enaltecer la institución a nivel continental y a su vez, de cimentar la estructura nacional de los años posteriores en cuanto a la confección del combinado mayor. 

El Steaua, como todos los equipos de fútbol en Rumania, estuvo atravesado directamente por el pulmón político comunista de la nación. Cada club era intervenido por un cuerpo estatal de manera idéntica a las sociedades deportivas soviéticas y en este caso, el ejército rumano era el órgano que conducía al conjunto de Bucarest. En el tramo final del periplo socialista, Steaua consiguió los mejores resultados de su historia y de la cronología nacional en la disciplina, cuando se coronó campeón de la Copa de Campeones de Europa en 1986 tras vencer al poderoso Barcelona.

Aquel equipo con Anghel Iordanescu, que era jugador, asistente de campo y luego encabezaría el legado de Jenei, Marius Lacatus, Gavril Balint, Victor Piţurcă, Lazlo Bölöni y también Gheorghe Hagi, con quien Steaua Bucarest alcanzaría otra final en Europa en 1989 (año de la Revolución rumana), trazó un antes y un después en la directriz del fútbol rumano y también del fútbol europeo. Steaua no sólo dominó su liga en el mencionado lapso, sino que alimentó a la Selección que clasificaría a tres Mundiales de manera consecutiva luego de veinte años de nula participación.

Con la apertura de un nuevo modelo económico, político, social y demográfico, la transición del comunismo al librecambio golpeó también al fútbol, aunque los movimientos de las grandes figuras de la Liga rumana hacia los certámenes más prestigiosos de Europa ayudaron considerablemente a la Selección por tener a sus hombres en el regodeo de la alta competencia. En esa etapa se reflejó en magnitud los logros del Steaua. Y tal ha sido la influencia de Jenei, que Iordanescu tuvo tres períodos como seleccionador (realizando una gran campaña en USA 94) y Piţurcă, Bölöni y Hagi también oficiaron como estrategas del combinado nacional. Victor Piţurcă también prosiguió el sendero de Emeric y se galardonó con títulos como entrenador en Steaua aunque lastimosamente no logró plasmar los buenos resultados del equipo a la Selección en la clasificación hacia el Mundial de Sudáfrica en 2010.

Justamente en el nuevo milenio Rumania parece haberse estancado en la continuidad de la estructura futbolística y la herencia organizacional evidencia que no se trasladó ni se impregnó la idea en el cambio generacional de talentos. Desde Francia 1998 los rumanos no compiten en eventos FIFA ni de mayores ni de juveniles y tampoco los equipos tienen actuaciones a destacar en Champions o Europa League.  



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