Santiago 'Morro' García es un jugador particular. Querible como pocos, se caratula como un goleador espectacular.
A veces uno no es de donde nace, es de donde se siente feliz
y Santiago García, el Morro, es feliz en Mendoza jugando para Godoy Cruz. Desde
hace cuatro temporadas se destapa a puro gol en el elenco ‘tombino’, de quien
es referente e ídolo. Son 46 goles en 102 partidos y un sinfín de detalles
dentro del campo que enloquecen a propios y neutrales. Es que el Morro, al no
tener una figura alineada, musculosa y esbelta, provoca identificación con la
tribuna. Es el espejo de lo popular, de la esencia del juego mismo; pero
atención: sus recursos como centro delantero son extraordinarios.
García era una joya más de la cosecha uruguaya. Icono en
Nacional, se consagró rápidamente con un killer absoluto. Tuvo un doping
positivo por cocaína que puso puntos suspensivos a su carrera cuando varios
equipos del mundo solicitaban sus servicios. También batalló contra Peñarol y
cayó preso. Fichó por Atlético Paranaense, pasó por Turquía, se reinventó en
River de Montevideo y arribó a Mendoza. Allí volvió a ser. Alejado de los
flashes, comenzó a meterla, a meterla y a meterla, a ordenar el juego del
equipo desde su posición de Godoy Cruz. Con 28 años, rechazó propuestas de México,
Racing y Estudiantes con tal de quedarse en la ciudad jugando para el ‘Bodeguero’
porque allí se siente especial.
El Morro es negro y gordito y lo defiende con honor. Le
gusta el asado y romper redes. Es tan crack que, cualquier goleador que esté en
Europa como cualquier transeúnte que va a la cancha a alentarlo se identifique
con él.
Morro
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